Ya nadie me guía por este laberinto de esperanzas rotas, de sueños pegados con celo. ¿Qué debo hacer ahora si ni siquiera sé cómo levantarme cada mañana?
Siento cómo mi ser se marchita con cada día, cómo se pudren las entrañas de mi interior. Tan solo existe una soga que me aprieta el cuello, impidiéndome respirar, sin dejarme escapar ni un último aliento.
Ella me mira con ojos enternecedores, y yo no sé cómo corresponderle. Aún no es mi momento, ¿no?
La muerte es el inicio y el fin de mis días,
lo del medio
es tan solo
un
sueño.
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