Ella se dispuso a entrar en aquel reino donde el invierno jamás llegaba y en donde el sufrimiento se hacía latente.
Un alma vendida.
Ella conocía ese mundo mejor que nadie. Ella conocía su propio infierno del que jamás podría escapar. Recordaba aquel día en el que todo se tornó gris…
Aquel día decidió que él sería el amor de su vida. Su pasión era tan ardiente como el mismísimo infierno. Él estaba allí, esperándola. La besó por vez primera. Antes de entrar en aquella casa, observó cómo las gotas caían lentamente en aquel mar que tanto le agradaba. Le recordaba a ella, tan fuerte y tan soberbia, tan rebelde y a al vez tan elegante. Miró el cielo cubierto de poderosas nubes grises; era el principio del invierno.
En cuanto entraron, ella le volvió a besar. Este fue un beso cálido y rebosante de alegría. Subieron las escaleras hasta llegar a una habitación. Ella se mordía el labio, nerviosa ante tal expectación. Él comenzó a desnudarla lentamente mientras ella hacía lo mismo con él. Se sentía como en una nube. Ella le revolvió el cabello mientras dejaba que sus almas se juntaran. Sudorosa, pronunció en la oreja de él un simple y corriente te quiero, pero tan cargado de pasión que hasta los ángeles quedarían atónitos ante tal espectáculo. Las miradas eran puro fuego. Él sonreía. Ella sonreía.
Después de dos horas, ella yacía feliz en la cama, mirando pensativa hacia el techo. Pensaba en lo que podrían hacer de ahí en adelante. Matrimonio, hijos, una vida feliz…
Pero, en cuanto la ropa tapó el secreto que tanto estuvieron escondiendo hasta aquel día, ella notó en él un atisbo de preocupación.
-¿Qué pasa cariño?
-Yo… yo… no puedo aguantarlo más. He de ser sincero contigo. He de serlo. He de serlo… Yo… yo…
-Tú…
-Yo… no tengo cuerpo.
Ella lo tomó como un chiste. Se rió. Pero dejó de hacerlo en cuanto vio que él no lo hacía.
-¿Qué quieres decir?
-Yo estoy muerto.
Después de aquellas palabras, no recordaba nada que le hubiese producido tanto dolor. Aquella maldita maldición…aquel maldito mentiroso…
Pero ella le amaba, al fin y al cabo. ¿Qué por qué había decidido vender su alma al diablo? Porque ya no aguantaba más. Aquel dolor invernal. Aquel dolor año tras año. Aquel sentimiento muerto.
Ella todavía le amaba…¿pero a qué precio?
Nota de la autora: La continuación la publicaré dentro de unos días. Gracias por leerme.
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