Como siempre digo, jamás hay que rendirse, hay que seguir para arriba, subiendo la cuesta de nuestras vidas.
Pero, últimamente, voy perdida en este mar. Llevo tanto tiempo conteniendo las lágrimas, que quizá me afloran con más facilidad. Y no es solamente un pensamiento; es una realidad.
Si los golpes fuesen blandos, quizá no me rendiría. Los golpes, tan duros como una piedra, obstaculizan en camino a seguir.
Harta de las preocupaciones, alérgica a los sentimientos.
Creo que estoy enferma... la vida me ha enfermado.
Entre tantas cicatrices ya no veo ni mi propia piel. Mis propios pensamientos van en contra mía. Quiero luchar, gritar... pero nadie me oiría.
Pocas cosas me harían seguir, continuar. Otras tantas me harían rendirme.
¿Felicidad? Inexistente. Cuando crees que estás en la cumbre, luego bajas.
Mi sentido de vivir se esfuma. Mis ganas. Todo lo que evito pensar se agolpa en mi mente. Intento gritarle que se vaya, que se esfumen los problemas...pero siguen ahí, impertérritos.
Tantas situaciones confundidas. Tener al enemigo al acecho. Observar la muerte des de cerca. No por mi parte, pero quizá por una cercana...
¿Cómo querer seguir, si mi máquina está rota?
Intento sonreír, de verdad lo intento. Y lo consigo. Llego a extremos, que soy totalmente feliz. Llego a tales puntos que soy muy feliz. Y otros en los que no quiero salir de mi cama, de mi cuarto... de mi mente.
A veces el pensamiento es un mal compañero. A veces lo es.
Ahora estoy mal. Luego bien. Luego fatal. Pero, ¿cómo estaré dentro de una semana? ¿Cómo sabré que de verdad estoy bien? ¿Acaso tengo que... arreglar mi maquinaria imperfecta?

No seré el mejor mecánico, pero pondré de mi parte para intentar que tu máquina sea increíble.
ResponderEliminarcon todo lo que haces por mi, creeme que haces que los engranajes vayan a veces bien... y te lo agradezco mucho
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